
Vos sóis mi luz, ese ángel que me enseñó a volar. Fuisteis todo para mí: amor y dolor, sonrisa y láfrima, frío y calor. Veros cada día, o simplemente saberos cercano a mí, me daba fuerzas para vivir. Erais razón para ser feliz, el amor personuficado; ése que tiempo ha dudé que existiera. Ahora que me dejasteis no os guardo rencor, pues no podría, sólo gratitud. Sé que estáis a mi lado pese a que yo no os vea. Sois la estrella que ilumina mi camino, la esperanza de mi vida en un mundo cada vez más carente de ilusión. Trato de mantenerme en pie, brindar confianza a quienes me rodean, aunque a veces ésta no sea aceptada. Igualmente confío, y sé que vos también lo hacéis, en volvernos a reunir. Algún día, en algún desierto y lejano lugar, nuestras miradas volverán a encontrarse, brillantes y ávidas de pasión, como nunca antes se vieron. Mas mientras dure esta larga espera, viviré anclada en vuestro recuerdo, soñando con vuestro ansiado regreso, contemplando la luna en el inmenso cielo negro que se cierne sobre mí noche tras noche. Dormid tranquilo, pues yo velaré vuestros sueños desde la distancia. Sé que tan pronto como leáis este mensaje anónimo sabréis que fui yo quien lo escribió, y vos el destinatario. Y quizás cuando ese día llegue volvamos a estar juntos. Fuere como fuere, no os olvido. Al contrario, os guardo por siempre en mi corazón.

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