Rodeada de rosas y envuelta en un mar de ideas y libros. Noches en vela tejiendo relatos y poemas en mi mente, para luego compartirlos con todo aquel que así lo desee. Ni un día sin escribir una línea, ni un anochecer en el que no mire la luna. Ni una rosa eterna, ni un amor olvidado. Los pétalos de la rosa de mi vida caen cada vez más rápido, en tanto que sus espinas se clavan cada vez más hondo en mi alma causándome un gran pesar. Pues nunca podré tenerte, nunca borrarte de mi memoria. Acaso no logre escribir esa historia que tanto ansío, lade mi propia vida, y que tenga un final feliz. O mejor, que no acabase nunca. Podríamos habernos eternizado juntos, pero nada queda ya. Sólo cenizas, pues es la huella que deja el fuego extinto. Sangro por dentro y me asfixio, me ahogo en un mar de lágrimas, no puedo respirar ya. La tristeza silencia mis palabras, mas soy consciente de que lees en mis ojos. Podré procolamar a los cuatro vientos que el pasado pasado está, que todo murió. Pero sería inútil tratar de mentirte. Así pues trato de evadirme constantemente, paseando, escribiendo, admirando la belleza de la naturaleza y dejando que tu esencia me inspire y guíe en esta vida.
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