
Camina despacio y sola, bajo esa lluvia fina y fresca de primavera. Le encantan las noches así, no hay nadie en el parque y puede pensar, reflexionar sobre sí misma. Pero también es tiempo de recordar, es inevitable hacerlo, y duele pensar que aquello que fue tan hermoso no volverá. No hubo motivos para que acabase, pudo haber durado eternamente, ojalá hubiera sido así. Pero el despiadado destino mostró sus cartas e hizo baza. ¿Cuánto más habrían de sufrir?Sonríe al rememorar los momentos compartidos a su lado: risas, lágrimas, besos...Todo era perfecto, se complementaban realmente bien, se amaban. Nunca nadie fue capaz de comprender que sucedió, acaso ellos mismos se lo pregunten en noches como ésta. Ahora los dos vagan bajo el mismo cielo, inmenso pero uno sólo al fin. Tal vez los separen mil kilómetros, o quizás se encuentren en el mismo parque. Da igual la distancia, pues se sienten cerca.Simplemente el saber que la otra persona existe les da las fuerzas necesarias para sobrevivir. Hoy ella es rabia para que él cante, él inspiración en sus relatos y poemas. Jugaron a no ganar, pero es que tampoco había nada que perder. Antes al contrario, pues ganaron el cariño y apoyo de un amigo incondicional. Pero, ¿quién no quiere que a su lado haya algo más que un amigo? Sentirse amada y amar...Cada abrazo, cada beso, cada mirada o cada caricia puede ser la última; y duele aceptar eso. Pero así es el amor, a menudo ligado al sufrimiento. Pero al fin y al cabo amor.

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